28 febrero 2007

Y ahí estabas, como siempre. Quizá pensando que no lo sabía, pero estabas, sentada frente aquella mesa, mirando, esperando impasible e incansable, con brillo en los ojos, la única ilusión que te quedaba. Es posible, otro pensaba, que había llegado el momento en el que las palabras tenían cada vez más sentido, más valor y más dolor. Había llegado el final que tanto dolía y, es posible, tanta falta nos hacía.

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